Un estudio en Alemania reveló que en 200 años las rubias estarán en extinción. Si bien esto podría ser la venganza y reivindicación de las morochas, todo parece indicar que se trata de un plan machista y siniestro, ya que los investigadores aseguraron que los hombres prefieren a las rubias artificiales…
La pasión por el pelo dorado viene de lejos. Las damas romanas, dicen, murieron de envidia el día que vieron que muchas mujeres de las tribus “bárbaras” que desfilaban en el cortejo de los vencidos tenían las mechas del color del sol. ¿Qué hicieron entonces? Primero, las “podaron” para hacerse pelucas de cabello natural y, finalmente (cuando se les acabaron los mechones o las cautivas, vaya una a saber), comenzaron a pedirle al tonsor de turno que inventara “algo” que las volviera blondas.
El pobre esclavo machacó hojas, cenizas y herrumbres, luego chantó en la mezcolanza unas cuantas gotas de limón, le pidió a la patrona que se acomodara con ese emplasto al sol y… ¡hubimos rubior! Decí que, por suerte, lo que comenzó siendo el no va más de lo cool en los tiempos de las cáligas y las cuadrigas, terminó perdiendo su onda, a tal punto que en determinado momento las meretrices romanas debieron usar (por ley) una peluca o tintura rubia que sirviera para “diferenciarlas” de las castas patricias. Debe de haber sido entonces, calculo yo, que los humanos comenzamos a asociar lo clarito a lo tentador, a lo deseable.
Lejos de toda connotación angelical, hay un rubio que apesta a pecado y por eso mismo atrae tanto. Pero también hay en las mechas doradas (las naturales, se entiende) un plus de rareza, de excepcionalidad, que hace que muchas señoras de pelo naturalmente tirando a marroncito no duden un instante en quedarse calvas cual bebé con tal de cumplir con el sueño de ser la diosa rubicunda que reina en casi todas las fantasías masculinas. Lástima que en su común anhelo de convertirse en Marilyn, más de una termina convertida en Marilyn… en Marilyn Manson. Mucha raíz oscura, mucho rulo amarillo patito nacido de sobredosis de agua oxigenada sigue dando vueltas por la ciudad y mostrándonos que (a veces) lo peor que te puede pasar con un sueño es que se te cumpla. Igualmente, chicas amantes de Febo en la mollera, tranquilas.
De acuerdo con las estadísticas, en no más de doscientos años las rubias de verdad estarán tan extintas como el Triceratops y el tigre dientes de sable. ¿A qué será menester parecerse entonces? ¿Cuál será el nuevo tono de los desvelos cuando del rubio no quede ni la sombra? Ciertamente, no lo sé. Sólo sé que, para ese entonces, a las morochas incorregibles ya no nos alcanzará con pararnos junto a alguna cabeza pálida para pasar por listas.
Liquidado el cliché de la rubia tonta, habrá únicamente tontas a secas, estupidez sin etiqueta identificatoria, gansada huérfana de código de barras. ¡Y ahí sí que las quiero ver! Nosotras, las confiables, predecibles y “serias” morochas, quedaremos, como por arte de magia, teñidas de lo único que no se borra con una estratégica ida a la peluquería: la verdad. Solas con nuestro color real, con nuestra viveza y tontería a cuestas, allí estaremos sin que una sola melena dorada corra a nuestro rescate. Por suerte, para ese entonces, el prejuicio habrá conseguido un nuevo refugio y serán pues las morochas con pecas o con rulos o sin dientes las depositarias de toda la idiotez del mundo. Y allá iremos en masa a aclararnos la piel, a alisarnos el pelo, a ponernos postizos…
Fuente: parati.com.ar
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